Cuando cocinás algún plato medianamente elaborado- no sin antes preocuparte por ir al super a comprar los ingredientes- y lo tenés listo bien temprano para que ni bien llegue tu marido se encuentre la comida calentita y la mesa recién puesta, el muy reverendísimo cae a casa a la hora del culo, sin avisar y diciendo "recién comí un tostado, no tengo hambre".
A la inversa, basta con que decidas no preparar un carajo porque ya te cansaste de comer carne al horno durante 3 días al mediodía y a la noche (porque ni siquiera la marabunta que tenés de hijo te hace la gamba aceptándote un pedacito) para que el señor (a quien le debés inmenso respeto porque pasó a ser el único responsable de la manutención del hogar) irrumpa violentemente en la cocina antes de las 7 de la tarde, y después de sacarse el traje, cagado de hambre, te reclame comer YA.
No es justo.
No sé de mandatos
Hace 1 mes